Esta vez, Mimi puso cinco alarmas en distintos lugares de la habitación. Se ayudó de un viejo radio-reloj para colocar una en la puerta que le asegurara levantarse de la cama para apagar el ruido infernal que hacía. ¿Cómo la gente se despertaba antes con esas cosas? Tiempos difíciles pre smartphones.

Ella no era el tipo de persona que se quedaba dormida, pero el recuerdo de la feria vocacional (desde ahora conocido como “EL INCIDENTE”) aún rondaba en su cabeza, así que debía hacer todo lo posible por evitar una catástrofe similar. Eso comenzaba con despertar a la hora necesaria para lograr afinar los detalles que harían de su primer día, un gran día.

¿Ducha? Check.
¿Cabello limpio y cuidadosamente alisado? Check.
¿Maquillaje perfecto y natural, casi al punto que pareciera que no usara? Check.
¿Ropa seleccionada cuidadosamente el día anterior? Check.
¿Desayuno balanceado? Check.
¿Colación balanceada para más tarde? Check.
¿Tres cuadernos, uno para cada materia asignados por aproximación sentimental del color y la experiencia, y uno extra por si acaso? Check.
¿Lápices suficientes, considerando perder al menos uno y prestar dos? Check.

Llaves, billetera, documentos, maquillaje para retocar durante el día, cepillo de dientes, dentífrico, pañuelos desechables, tampones (aún faltaban dos semanas, pero quién sabe), bloqueador solar, suéter de emergencia, crema de manos, alcohol en gel, batería portátil, cargador de celular, pasaporte…

¿Pasaporte?

No, eso era una exageración.

Miró muy conforme su bolso, dejando el pasaporte a un lado y luego cargando los seis kilos sobre sus hombros, con una sonrisa. ¡Estaba lista!

Salió con una hora de anticipación de su casa y, como era de esperarse, llegó con una hora de anticipación a la Universidad. Tenían una actividad de orientación a las 9am, por lo que se sentó sola en el aula a disfrutar de su tiempo libre.

Era raro tener tiempo libre. Sentía que los meses pasaron a una velocidad impresionante desde “EL INCIDENTE”. Su crisis nerviosa trajo consigo una claridad que nunca tuvo antes, una sensación de “nada puede ser peor que esto” que le quitó el miedo a escoger algo que estudiar. ¿Y qué si se equivocaba? Era por mucho preferible arrepentirse de hacer algo, que de quedarse paralizada por el miedo.

Así que se había decidido por… (redoble de tambores) ¡Diseño gráfico! (fanfarrias varias, aplausos).

Todos esos meses los dedicó a informarse más sobre el tema. Le parecía que el campo laboral era suficientemente amplio como para decidir después qué área le gustaba más y definitivamente sería un desafío. La Universidad estaba cerca de su casa, tenía buenos reviews en Google y… estaba Riri allí.

Se llevó las manos a las mejillas al pensar en Riri, sintiéndose algo tonta. ¡Pero no la había escogido sólo por ella! ¡Los otros motivos iban primero!

Y la sonrisa de Riri al contarle sobre su carrera, sus trabajos, sus ayudantías, sus pestañas tan largas, sus pecas, sus…

– ¡Basta, Mimi! – se regañó en voz baja.

Después de que conversaran, su cabeza estuvo llena de dos cosas: tomar una decisión educacional/laboral y Riri. La primera era mucho más importante, así que se obligó a sí misma a dejar de lado la segunda, aunque prometiéndose que haría algo una vez que estuviera en la misma universidad.

Por sus méritos académicos, hay que aclarar.

Miró de reojo su celular, donde tenía el contacto de Riri. Había sido tan amistosa ese día, consolándola, aconsejándola, dejándole su número por si tenía alguna duda… Cada vez que pasaba un nuevo mes, se sentía más incómoda de contactarla. Pasaba de “soy Mimi, hablamos la semana pasada” a “soy Mimi, han pasado 6 meses y aún no te olvido”. “Han pasado 7 meses”. “Han pasado 8 meses y soy tu stalker”. “Han pasado 10 meses, AYUDA”.

Sin embargo, Mimi tenía un plan, porque no sería Mimi sin un plan. Se la encontraría casualmente por un pasillo y diría: “oh, te conozco”.

Ok, no sonaba a un gran plan, pero le había costado idearlo. Todavía no estaba segura de cómo actuar casual. Practicó lo más posible frente al espejo y seguía saliendo algo ensayado. Quizás si practicaba más…

– ¡Oye, qué temprano llegaste! – la interrumpió una voz.

La chica dejó las muchas cajas y bolsos que llevaba sobre el escritorio grande, que usualmente era de profesores y se acercó a ella, tendiéndole la mano. – Soy Henrietta, pero me dicen Riri, como a Rihanna. – se presentó. – ¿Cómo te llamas? –

– M-Mimi. – contestó ella y hubo un segundo bastante incómodo en que la pelirroja se dedicó a mirarla.

– ¡Mimi, no te reconocí! –

Al instante se encontró entre los brazos de Riri, siendo apretada sorpresivamente. Olía bien, como a algo frutal.

Genial, ahora era el tipo de persona que olía a otras.

Se acomodó el cabello tras la oreja cuando la soltó, sin fijarse en que no había respondido al amistoso saludo en ninguna forma. Entendía que no la reconociera, había pasado mucho tiempo y sólo se vieron una vez. Además, Mimi cambió bastante.

Porque quería ser más como Riri, quería más de esa aura tan relajada y con tan poco esfuerzo. Claro que su apariencia, tal cual todo lo que hacía, sí requería esfuerzo, pero creía que se veía bien y no sufría tanto como antes tratando encajar en una perfección autoimpuesta donde su melena siempre debía estar recta y ser cortada cada dos meses, su ropa constaba únicamente de tonos neutros que combinaran entre sí y sólo podía usar prendas “halagadoras”, aunque apretaran y resultaran incómodas.

Había cambiado su closet por cosas más coloridas, dentro de lo que fuera cómodo para ella. Se dejó el cabello más largo, menos recto. Incorporó maquillaje en una medida que le gustara.

– Te ves mayor. – rió Riri. – O sea, obvio que no vieja, sólo… no tan niña. – le sonrió.

Creía que se veía más confiada, pese a que tartamudeó al hablar con Riri. Ella se veía igual de linda que en el día del “INCIDENTE”.

– Gracias. Pensé que no te acordarías de mí. –

– ¡Claro que me acuerdo! ¿Y terminaste entrando a diseño gráfico? ¡Vamos a ser compañeras! –

– Sí, aunque tú estás en tercero ya, ¿no? Serías como… mi senpai… –

Mimi tuvo un leve ataque de pánico pensando en lo que acababa de decir, por no considerar que quizás Riri desconocía el animé y tendría que explicarlo. Sin embargo, Riri rió y dijo algo como “cierto”.

La vio avanzar hacia el escritorio y tomar una carpeta, moviendo las páginas dentro. – Ahora me toca hacer la orientación para ustedes y después mostrarles el campus. Este año queríamos implementar un sistema de “senpais”, vamos a compartir habitación entre gente de tercero y segundo con los de primero. Te lo adelanto como premio por llegar temprano. A ver con quién te tocó… –

“RIRI, POR FAVOR RIRI. DIOS, NUNCA TE HE PEDIDO NADA, NI HE IDO A LA IGLESIA Y FRANCAMENTE NO CREO EN TI, OLVÍDALO. RIRI, RIRI, RIRI…”, pensó obviamente Mimi.

La pelirroja empezó a reír. – ¡Sabía que era el destino! – comentó y le mostró la hoja donde sus nombres estaban juntos. – Deberíamos ir a Canadá a casarnos y saltarnos todo esto. – bromeó.

Mimi recordó que había dejado el pasaporte en casa. ¡EL MALDITO PASAPORTE!

Pero no alcanzó a decir nada. Sus compañeros llegaban a la orientación y Riri se fue a parar tras el escritorio para darles la bienvenida.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online