Si te perdiste la primera  y segunda parte, revísalas aquí.

Ahora sí con un resoplido de molestia, que no fue disimulado a pesar de intentarlo, terminó de cerrar la puerta, haciendo un ruido algo fuerte por el que tuvo que disculparse con Seth, quien sólo sonrió. Se acercó a la cama, nuevamente tomando asiento junto a ella, y colocó la bandeja con lo necesario para hacer las curaciones sobre sus rodillas. Acomodó sus lentes parsimoniosamente, dedicándole una significativa mirada a su paciente, aparentando tener todo el tiempo del mundo para convencerlo.

-¿Y bien?- partió Landon, evidenciando que, la verdad, no tenía paciencia para esperar a que él hablara. –Lo tocaré lo menos posible, únicamente lo necesario para limpiar las heridas, o vendarlas. De hecho…- agregó al tiempo que se levantaba de la silla con la bandeja muy bien sujeta en las manos. –Puede golpearme si le parece que no estoy cumpliendo.-

-No voy a golpearlo…- aclaró el chico en un murmullo. -¿Me… garantiza que no están viendo…?-

-Sí, le doy mi palabra.-

-¿Cómo está tan seguro?- preguntó algo receloso, aunque recostándose bien sobre su espalda para comenzar a quitar las mantas.

-Porque deben hacerme caso.- contestó él. Apoyó la plateada bandeja en un lado libre de la cama y continuó hablando con la misma seguridad que hasta entonces. –Y por el hecho de que mi padre es el Director de este hospital, así que el reglamento se cumple.-

El rubio susurró un: -Está bien.- dejando los brazos a cada lado de su cuerpo para facilitarle la tarea al doctor, en una actitud un tanto sumisa para lo que podría haber presupuestado Landon.

-¿Por qué tan cooperador ahora?- cuestionó, casi sin darse cuenta, en voz alta a la vez que inspeccionaba las botellas con alcohol y yodo sin prestarles real atención.

-Porque es cierto que no quiero morir…- respondió simplemente. –A diferencia de lo usted me diagnostica.- sostuvo una leve sonrisa en sus labios.

-Lo supuse, sólo dije eso para lograr que hablara conmigo.-

Seth lo miró con la curiosidad reflejada en sus grandes ojos azules. Desabrochó lentamente la camisa del pijama, pensando que sería impertinente seguir contemplándolo de esa forma, en especial cuando estaba poniendo todo de su parte para ayudarle; incluso hacer ese trabajo que, como Psiquíatra, no debería. Dejó la prenda abierta y volvió a verlo de manera inquisitiva; fue más fuerte que él.

Antes de que formulara la pregunta, Landon se dispuso a explicar. –Noté que le molestaba la actitud de la gente que intentó interrogarlo, lo que podría dar una explicación a que no quisiera responder, aunque prefiero no aventurarme por eso.- hizo una pausa en la que limpió una herida en el costado del chico. –El punto es que demostró, al utilizar la palabra “norteamericanos”, un tanto despectivamente, e “insidiosas”, para calificar a sus preguntas, lo mucho que le había disgustado lo que sea que le hayan dicho.-

Se giró un momento para botar el algodón que había usado. –Y las personas que quieren morir no se preocupan por ese tipo de cosas. Ésa fue mi conclusión.- reacomodó sus lentes. –Además supuse que le picaría el orgullo si decía algo así. Los ingleses solemos tener ese defecto.-

-De verdad tiene muy buenos ojos.- comentó Seth, en lo que pareció ser un suspiro, acompañado de una sonrisa ligeramente más amplia que las demás.

-Bueno, no es sólo por mi padre que estoy parado aquí.- Landon sonrió al darse cuenta de que estaba probando justamente lo dicho sobre el orgullo británico. –Lista la parte superior, ¿algo más que podría traer problemas?-

El joven dudó unos instantes, en los que su cara fue tomando un tenue color rosado. –Sí…- contestó en tono inseguro, acercando las manos al borde de su pantalón para comenzar a bajarlo tras voltear el rostro hacia el otro lado de la habitación; aquél en donde la mirada de Landon no podía alcanzarlo.

Y Landon supo el por qué de esa reacción cuando fue capaz de apreciar unas marcas moradas a la altura de sus muslos. Hematomas. Pero claramente no habían sido producidos por un golpe cualquiera: esos hematomas eran el resultado del agarre de una persona. No era necesario ser médico siquiera para saberlo, se veían perfectamente los cinco dedos allí, patentes. Evidente cuál fue la primera duda que apareció en el cerebro bajo la espesa capa de cabello negro.

No obstante, se repuso rápidamente de la impresión y volvió a su tarea, que fue higienizar los cortes que tenía en las piernas. Éstos eran más limpios, no parecían rasguños ni nada por el estilo, a menos que hubieran sido hechos por unas uñas demasiado largas y afiladas, lo cual no tenía sentido.

-¿No va a preguntar qué pasó?- inquirió Seth. Landon negó con la cabeza, para luego hacerle una señal de que podía acomodar su ropa, pues había desinfectado todo lo que se podía.

-No hoy.- dijo, tranquilo aunque no se sintiera así. –Prefiero esperar a que confíe en mí.-

Recibió entonces esa mirada azulina, sorprendida y, hasta cierto punto, agradecida. En ese movimiento que hizo su paciente para darle la cara, reparó en el corte que exhibía bajo su ojo derecho, el cual había pasado por alto en toda la curación. –Espere…- murmuró, tomando el algodón de nuevo e inclinándose sobre él con la intención de limpiar su mejilla.

Seth cerró ambos ojos, respirando un poco rápido en opinión de Landon, que intentó no prestar atención a ese detalle. –Listo.- dijo en voz baja por estar tan cerca de él, pasando una última vez el algodón.

De pronto el rubio movió la cabeza. Landon no alcanzó a reaccionar, se sintió congelado. Estuvo seguro de mandar la orden desde su cerebro para apartarse, pero algo pasó en el camino de llegar a ejecutarla. Igual de súbito, percibió un roce en sus labios; tibio, demasiado dulce. Sutil, al borde de ser tan sólo su imaginación. Y así lo habría creído si no lo hubiera visto con sus propios ojos.

Finalmente, recibió un beso en la mejilla. –Gracias…- susurró Seth, sonriéndole.

Landon se levantó inmediatamente. Fue tan repentino y sin precisión que hasta golpeó la bandeja sobre la cama, causando bastante estruendo cuando ésta cayó al suelo. Pero no pudo disculparse, ni hacer un comentario sobre lo torpe que había sido. Lo único que pudo decir fue: -Vendrá una enfermera a recogerlo.-

Apresuró sus manos a tomar las carpetas que contenían la ficha del chico, arreglándoselas en un esfuerzo sobrehumano para sostenerlas con el temblor que lo aquejaba.

Ese beso, ¿lo había imaginado? No, no era eso lo que ocupaba su mente. Esos labios, ¿por qué seguía sintiendo su suavidad si había sido tan sólo un roce involuntario?

Seth sonreía. ¿Había sido realmente involuntario?

Con pasos vehementes se fue a la puerta. –Lo veré en un par de días.- masculló. –Buenas tard…-

-Yo no lo hice.- interrumpió el muchacho. –En serio no lo hice, Dr. Hart.-

-Hablaremos de eso en futuras sesiones. Buenas tardes.-

Landon cerró la puerta tras él. El corazón le palpitaba tan fuerte que lo escuchaba en su cabeza. Sus dedos inconscientemente se fueron a sus labios, confabulados con sus ojos que quisieron dar una última mirada a la habitación.

-¿Necesita que vaya a recoger las cosas, Dr. Hart?- ofreció Miss Halligan.

-Sí, por favor. Hágalo usted.- contestó Landon, todavía con esa sensación adrenalínica en el cuerpo.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online