Heeeeey, ¿este es el primer capítulo de Mimi & Riri que lees? ¡Ponte al día acá!

¿Saben qué? Pueden ser todo lo escépticos que quieran. Ignoren sus números de la suerte, pasen por debajo de escaleras y no presten atención a Mercurio retrógrado, pero nunca nieguen que la vida entrega señales.

Hay situaciones en las que se sabe. Una dice “esto es para mí, no tengo idea cómo va a suceder, ni cuándo, ni por qué, sólo esperaré a que llegue”. Así se sintió Riri cuando conoció a Mimi y dejó pasar casi un año con la tranquilidad de quien sabe. Cabe mencionar que Mimi no le dio su número, así que no tuvo más opción que la calma de esperar, pero sigamos diciendo que fue el destino.

Cuando la vio sentada en esa sala de clases, la parte esotérica de su cerebro pudo hacer la danza de “te lo dije” a la parte incrédula. Se sintió como una victoria sobre sí misma, sobre ese lado que todos tenemos diciéndonos las cosas que no queremos oír, siendo un maldito aguafiestas. La sonrisa en su cara era de satisfacción.

Mimi escogió la carrera de la que hablaron ese día, en la universidad donde se conocieron y estaba en su grupo de orientación. Como si no fueran suficientes señales, serían roomates ese primer semestre. La historia se escribía sola. (NO, MENTIRA, ESTOY YO ESCRIBIENDO. WOW SO META).

Poco influyó en su ánimo que el grupo estuviera más pendiente del interior de sus propios párpados que de sus palabras. Las prioridades de ese día habían cambiado drásticamente; luego se dedicaría a motivar a cada uno de los nuevos estudiantes y aclarar hasta la última de sus dudas para asegurar que su paso por Diseño Gráfico fuera la experiencia más gratificante de su vida y que sus primogénitas/os llevaran de nombre Henrietta/o, ¡Mimi estaba allí!

– ASÍ QUE POR FAVOR escriban sus nombres en estas muy entretenidas tarjetas y úsenlas en un lugar visible para que sus guías los puedan encontrar. – indicó, despertando a más de uno al gritar las primeras palabras. – Voy a dejar la lista aquí para que vean quién es su encargado. ¡ESO ES TODO! ¡BIENVENIDOS! –

Algo desorientados (irónico, sí), los estudiantes se dividieron entre seguir la instrucción de la tarjeta y revisar la lista para seguir su propia suerte. Por su parte, Mimi se levantó y se acercó a Riri. Llevaba su nombre escrito en una caligrafía pulcra y simétrica, pese a que no era necesario.

– Bueno, tú y yo ya nos encontramos. – sonrió la pelirroja. – ¿Quieres ver los dormitorios? –

– Sí. Gracias. – contestó ella. Lo siguiente que hizo, fue sacar de su bolso un mapa y un lápiz, dispuesta a marcar la trayectoria desde las aulas. Riri pensó que era lo más tierno que viera en meses.

Pasearon por el campus, en una escena sacada de alguno de esos mangas shoujo que ambas leían sin saber que la otra también lo hacía y entendería perfectamente la referencia si quisiera hacer el chiste (dato curioso: pasarían un año entero sin mencionarlo). Era como un sueño caminar a solas, en lo que podían sentir sería el inicio de algo. Riri se imaginaba a sí misma, respondiendo a sus hijos adoptivos cuando le preguntaran: “¿cuándo supiste?”; quizás no en ese preciso momento, porque ambas eran muy jóvenes, pero seguro acomodaría la historia para que calzara con ese día tan perfecto.

– ¿Qué sigue después de esto? – oyó a Mimi preguntar.

– Hay una ceremonia de bienvenida, a las 12. Se supone que este rato es para que te familiarices con el lugar y la gente, que arregles tus cosas, te prepares para las novatadas… –

– ¿¿Novatadas?? ¿¿Hay novatadas aquí?? ¿Es opcional u obligatorio? ¿Te bajan puntos por no participar? –

– Oh no, no, tranquila, era una broma. – aclaró Riri, conteniendo apenas las risas. – Jajaja, tenía toda una historia preparada de cómo te secuestran por la noche y te llevan a tirarte a la fuente con un saco de papas encima, pero ya veo que sería muy cruel. –

– Pues… sí. –

– ¡Nooo, lo siento mucho! – se disculpó la pelirroja, atrayéndola al pasarle casualmente el brazo por los hombros. – Eres muy pura para este lugar, Mimi. –

– ¿En serio? – preguntó preocupada.

– Jajajaja, sí. Mucho. Pero no te preocupes, yo te cuidaré de todo. –

Riri ya se había hecho una idea de la personalidad de Mimi, luego de todo lo que conversaron en ese día que se conocieron. Era una persona muy sincera y directa, tanto consigo misma como con los demás. Daba la impresión de ser mucho más seria de lo que realmente era y de tener todo bajo control, cuando por dentro podía ser un manojo de ansiedad. Y aún así, era capaz de llevar a cabo lo que se propusiera.

– Mimi. – llamó repentinamente, luego de un silencio algo largo.

– ¿Sí? –

– Puedes hacer todas las preguntas que quieras. –

La chica la miró un momento, parpadeando como si fuera a decir: “¿a qué te refieres?”. Sin embargo, sacó una libreta de su bolso y abrió en el marcapáginas, tomando aire para comenzar con algo que Riri intuía llevaba un buen rato guardándose.

– ¿Cuántas materias recomiendas adelantar? ¿Cuál dirías que es el porcentaje de empleabilidad al terminar la carrera y en los siguientes años? ¿Crees que el diseño web es una habilidad vital? ¿La comida de la cafetería vale la pena, analizando calidad y precio? ¿Cómo manejas hacer ayudantías y cumplir con tus propios requerimientos? ¿Cuál es el porcentaje de deserción en el primer año? ¿Cómo funciona…? –

– Ok, ok, vamos de a una. – la interrumpió Riri, riendo suave.

Fue un buen rato hasta que Mimi estuviera conforme con las respuestas y Riri se aseguró de darle toda la información posible. Surgieron muchas dudas más cuando le abrió la puerta al lugar que compartirían, con dos dormitorios, un baño y un área común donde habían sillones y una televisión, además de la típica “cocina americana”, que pasaba a ser un eufemismo para decir que no tenía principio ni fin, sino que convivía como parte de esa sala de estar.

Resultaba curioso mirar un espacio tan familiar para ella a través de los ojos de alguien nueva. Ordenó cuanto pudo el día anterior, considerando que llegó sólo un día antes para preparar la orientación y asentarse. Ojalá Mimi no se fijara demasiado en que las revistas estaban apiladas junto a los libros en la repisa, ni que aún estaba esa mancha en la pared de cuando intentó cocinar legumbres y la olla explotó sin razón aparente, o que ese poster en la pared estaba chueco… Vaya, estaba más chueco de lo que recordaba. Demasiado. ¿Cómo podía trabajar en algo que requería tanta habilidad visual si no era siquiera capaz de pegar un papel en la pared sin…?

– Riri. ¿Estás bien? –

– Ah, sí. – contestó la pelirroja, dándose cuenta de que había estado inclinándose hacia el sentido del poster en un intento de verlo derecho. – Bueno, no es mucho, pero ojalá te guste vivir aquí. –

– ¿No es mucho? – repitió Mimi, ya sin poder contenerse. – ¡Es precioso! ¡Todo está tan bien combinado! ¿Cómo lo hiciste? ¿Siempre se te han dado bien este tipo de cosas? –

Riri, por primera vez en mucho tiempo, sintió las mejillas calientes.

– ¡No es nada! ¡Ese poster está chueco! – señaló. – ¡En fin, ponte cómoda, esta es tu habitación! – señaló rápidamente a la puerta. – ¡Ahí está el baño! – volvió a señalar, apuntando todo. – ¡Allá la cocina! ¡Acá la lavadora, acá la mancha en la pared! ¡BIENVENIDAAAA! –

Mimi rió, un tanto más cómoda con que Riri volviera a acercarse a abrazarla y pensó que le quedaba una sola pregunta que hacer: – ¿Hay… demasiadas fiestas? –

– ¿Qué es demasiado para ti? –

– Una… –

Riri rió y le dio una palmadita en la espalda. – Entonces sí hay demasiadas, pero no te preocupes, no tienes que ir a ninguna si no quieres, nadie te va a quitar puntos por eso. – sonrió, dándose cuenta de que Mimi la miraba con alivio. – Sí tengo que advertirle que hay una política estricta sobre traer chicos a los cuartos, señorita. – agregó, en lo que ella pensó era una muy evidente broma.

Sin embargo, Mimi la miró muy seria, siendo su turno de tener la cara roja.

– No, no, yo estoy comprometida. –

– Ah, bueno… bien entonces. –

– Sí, pues… gracias, voy a ordenar mis cosas. ¿A las 12 la ceremonia? –

– A las 12. –

Una sensación desagradable la invadió al ver la puerta de Mimi cerrándose. ¿Era una señal? ¿Una forma ridículamente literal de la vida al cerrarle la puerta de Mimi?

Pero… ella sabía. ¿Cómo podía interpretar tan mal las señas del destino y de la misma Mimi? ¿Era sólo admiración estudiantil y la verdadera señal era no haber sabido nada de ella en un año entero?

Se imaginó disculpándose con sus futuros hijos adoptivos por fijarse en alguien sin siquiera averiguar primero si estaba soltera. Y ellos le dirían: “mamá, eres muy impulsiva, tienes que pensar a veces antes de actuar”. Y ella diría: “vaya que son maduros para ser tan jóvenes y ficticios”.

Suspiró. Caminó a su propia habitación. Era sólo una ilusión perdida, nada grave, no había pasado un año entero enamorada de ella.

Porque no había sido un año entero, solo fracciones donde recordaba a Mimi y se preguntaba qué sería de ella. Y tampoco interesada era lo mismo que enamorada.

Se había dejado llevar por el romanticismo, porque habría sido una linda historia reencontrarse con ella a partir de tantas coincidencias que la llevaran a ser la madre de sus hijos.

Si es que quería ser madre… Diablos, tenía muchas preguntas que hacer antes de seguir imaginando su futuro. Para la próxima: hola, ¿estás soltera? ¿Quieres hijos?

Uhm… no, tampoco era la solución.

En fin, sería problema de otro día.

Ilustración Pía prado – revisa su trabajo aquí.