Pasa, ponte cómodo. – dijo Joshua con una sonrisa radiante. – Hacía frío afuera, ¿verdad? Voy a encender la chimenea, siéntate ahí mientras. ¡Ah, ya sé qué hacer de cena! ¿Te gustan las pastas? Hay una receta que estaba esperando para…-

El chico continuó hablando, a pesar de que su huésped parecía más interesado en inspeccionar el nuevo entorno ocupando sus penetrantes ojos de curioso color como si poseyeran visión de rayos x. Cada adorno fue registrado por esa mirada; cada mueble, pared, rincón… nada se salvó. Ni siquiera el mismo Joshua, que ahora venía a notar que no lo miraban a la cara precisamente.

¿Pasa algo? – preguntó un tanto ofendido por la falta de atención a su perorata.

No, es una casa muy bonita. – respondió Alehc. – Igual que el dueño. –

Joshua murmuró algo como un ‘gracias’, volteando el rostro por reflejo de sentirlo acalorado.
Durante el trayecto habían hablado lo básico, intercambiando nombres e información ligera. Así supo Joshua que el chico al que estaba llevando a su casa se llamaba Alehc, era forastero y no tenía un hogar fijo, siendo este último dato el que reafirmara su decisión. Sabía que debía ser raro eso de invitar gente así de buenas a primeras, pero él estaba contento de haber encontrado a alguien. Además, Alehc no había preguntado nada al respecto; quizá no le resultaba extraño, talvez se alegraba al igual que él.

La vista de Joshua volvió a posarse en Alehc, que no tuvo reparo alguno en sostenérsela, mientras se iba acercando a él, colocando una mano en su mejilla de manera inconsciente, probablemente por la naturaleza dulce que poseía.

Esas heridas…- susurró en tono suave. – ¿Quieres que te ayude a limpiarlas? –

El chico negó con la cabeza, ladeándola como para que Joshua no retirara su mano. – Prefiero que pasemos a lo que vine. – abrió los ojos y los dirigió a los de él.

¿A… qué te refieres? – preguntó un tanto extrañado, más por el movimiento que acompañó las palabras de Alehc; había dado la impresión que se pondría de pie, pero lo que hizo fue arrodillarse en el suelo, llevando de pronto las manos al cinturón de Joshua. – ¿Qué…? –
Ssht… – escuchó que salía de sus labios.

Nuevamente el rostro se le iba acalorando; sentía que se quedaba sin aliento de un momento para otro, escuchando el sonido metálico del cinturón al ser desabrochado y… -¿¡Qué crees que estás haciendo!?- alegó, apartándolo bruscamente.

Alehc se quedó sentado en el suelo, contemplándolo con expresión desconcertada. – ¿No es para esto que me trajiste? –

¡Por supuesto que no! – se apresuró a contradecir, arreglando sus ropas, con la cara por demás roja.
Pero… Tú sabes lo que soy, ¿verdad? – Joshua desvió la vista, llevándose una mano a la boca, presintiendo lo que le dirían. – Sabes que soy p… –
¡¡NO LO DIGAS!! – el grito fue potente, tanto que Alehc abrió los ojos de par en par, aunque no se podía distinguir en su semblante si tenía miedo o quería reír.

Lo sabía, obvio que Joshua lo sabía. ¿Por qué otra razón iba estaría ahí solo, comenzando la noche? ¿Por qué otra razón iba a aceptar ir con él sin conocerlo? Quiso ignorarlo solamente, pero al parecer no sería posible. Él… No lo había llevado por eso. Sólo quería compañía; no de ESE tipo de compañía, sino alguien que estuviera allí con él, con quien pudiera compartir esa solitaria casa. Un alguien.

Era sólo un chiquillo, ¿¡cómo no se iba a desesperar estando tan solo!? En especial… En especial en una situación como la suya. No obstante, se sentía incapaz de decirle todo eso a Alehc. Deseaba que no le preguntara, que sólo se quedara allí.

¿Sería mucho pedir? ¿Demasiado iluso de su parte?

Siéntate, voy por el botiquín. –

El moreno parpadeó un par de veces más, obedeciendo casi al instante en que lo observó desaparecer, con la curiosidad reflejada en cada facción de su rostro. Seguía inspeccionando todo; probablemente le gustaba mucho ese lugar, aunque recién lo estuviera conociendo.

Un par de minutos después estaba siendo atendido por un Joshua muy ceñudo, que no mostraba ni una pizca de piedad cuando él hacía un gesto de dolor. ¿Se lo merecería por descarado? Fue lo que pensó Alehc, sonriendo a pesar de que en serio le dolía.

-No tienes sentido de delicadeza, ¿eh?-

Joshua lo miró todavía algo molesto, aunque su expresión cambió drásticamente de un segundo a otro. -¿Cómo te hiciste esto?- preguntó, denotando en su tono cuánto le costaba juntar las palabras y, quizás, el valor.

Él se tomó su tiempo para contestar, pasando de manera distraída un par de dedos por el parche que le había puesto Joshua en la mejilla. –El último sujeto que me recogió tenía mal temperamento.- paseó los ojos de las vendas al rostro del otro chico, que una vez más no lo miraba. Se había puesto triste, era demasiado notorio. –Pero está bien, por eso decidí escaparme…- estiró la mano para alcanzar su barbilla y hacerle levantar la cabeza. –Y hoy te conocí a ti y eres lindo.- sonrió.

Hasta ese momento Joshua escuchó tranquilo, pero la palabra ‘lindo’, dirigida a su persona, y el beso en la mejilla que recibió fueron suficientes para hacerle sonrojar de nuevo, pararse de un salto y darle la espalda igual de rápido. –P-pues… Qué bueno que te sientes mejor. ¿Cena?- ofreció, con toda la intención de terminar la conversación allí.

Espera…- pidió Alehc, deteniéndole por el hombro, sin voltearlo. –Sino es para tener sexo, ¿por qué me trajiste?-

No supo con certeza qué le molestó más, si la desvergonzada manera de decir lo que él hacía como trabajo o el hecho de que en serio le estuviera haciendo esa pregunta (dejando de lado, por supuesto, que pensara que él era ese tipo de persona que contrataba ese tipo de servicios…).

– ¡Para trabajar!- saltó de repente. -¡Hay mucho trabajo que hacer aquí, así que mejor duérmete temprano y basta de insinuaciones!-

Se giró para ver a Alehc, alzando un puño que sinceramente nunca esperó que fuera recibido con una sonrisa. –Gracias…- dijo en voz baja Alehc. En un abrir y cerrar de ojos ambos pudieron sentir el calor corporal del otro, en un abrazo que ninguno había planeado. –Gracias.-

D-de nada…- se escuchó un débil murmullo, que Joshua esperó pudiera cubrir el insistente latido de su corazón.

En verdad eres lindo…-
… ¿Cena?- ofreció, encaminándose a la cocina ante una mirada y sonrisa que fue mejor que no viera.

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Dedicado a @_Verbluten. Ojalá te pueda distraer un poco 💖.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online