¡Revisa aquí las otras partes de la historia!

La casa de Joshua era grande. No, grande se quedaba corto si se tenía en cuenta el, por decirlo menos, enorme ‘jardín’ con que contaba. En verdad, más que jardín era huerta y, en algunas partes, más que huerta parecía parque. Árboles altísimos lo adornaban, junto con arbustos y rosales queriendo sugerir que Joshua se había dedicado especialmente a cuidarlos. Alehc estuvo seguro de ver ardillas muy bien provistas de bellotas en las copas de esos árboles más de una vez, según él amenazándolo.

-¡Vaya que hay trabajo aquí!- comentó un día cualquiera Alehc, acercándose a Joshua que ya estaba sentado con la espalda apoyada en un tronco, pasándose el brazo por la frente bastante transpirada.

-Sí, mucho para una sola persona.- contestó él; había adoptado esa manía de sonreírle cada vez que podía al otro chico.

-¡Pero somos DOOOS personas! Una y dos.- explicó, apuntándose primero a él y luego a Joshua, quien le respondió con una pequeña risita.

-Vale, dos personas.-

Alehc se dio por satisfecho con esa respuesta y apoyó la cabeza en las piernas de su ‘jefe’, cosa que se venía repitiendo hacía unos cuantos días, cuando tomaban descansos entre el trabajo. Joshua se había mostrado receloso (y agresivo) al principio, pero finalmente logró acostumbrarse; Alehc tenía algo que le volvía imposible el negarse a sus infantiles peticiones y que, además, solía inspirarle cariño, que lo llevaba a gestos como el que hacía ahora, de acariciarle el cabello con una apacible sonrisa en el rostro.

-Me gustan tus ojos.- soltó de súbito Alehc, ante un sorprendido (tantito sonrojado) Joshua. –Azules, como el mar, el cielo y el zafiro…-

Su voz se transformó en susurro a medida que alzaba la mano para tocar su mejilla. –Y tu piel y cabellos claros, no se ven todos los días.-

-¿De qué hablas?- dijo Joshua, que sintió debía hacer algo para romper la tensión. –Son muy comunes… Tú eres el distinto.- y eso era algo que le gustaba, debía admitir.

-No, de donde vengo hay mucha gente como yo.-

El chico meneó suavemente con la cabeza, riéndose. –Pero aquí no hay… Yo me veo como todo el mundo.-

Alehc negó de nuevo, aunque parecía más concentrado en continuar admirando la cara que acariciaba. –Tú eres más lindo.- se lo había dicho varias veces ya. –Me gusta tu nariz…- susurró otra vez, pasando un dedo por la misma. –Y tus labios, son rosados…-

-¡No son rosados!- alegó Joshua. Mas no pudo continuar, puesto que un escalofrío le recorrió el cuerpo al sentir los dedos de Alehc sobre ellos.

-Sí lo son…- insistió en voz baja, levantándose lentamente, quedando a poca distancia de él. –Y me encantan…-

No se dio cuenta cuándo la boca de Alehc estuvo unida a la suya, tampoco supo distinguir el momento en que percibió el calor y humedad de su lengua, menos cómo terminó recostado sobre el pasto, con Alehc besándolo encima de él; quizá ni el mismo Alehc notó lo que había hecho, pero, ciertamente, ambos supieron disfrutarlo.

Pasados unos minutos, en que la respiración se les agitó bastante, Alehc fue el que se retiró unos centímetros, mirándolo con la interrogación impregnada en sus ojos y labios, entreabiertos y húmedos.

Joshua no contestó, no dijo nada, tan sólo pasó las manos por sus mejillas. Lo besó de nuevo. Ésa fue su manera de darle conocimiento de que estaba bien hacerlo, no se enojaría si lo besaba; de hecho, le había gustado. Eso entendió Alehc, que volvió a separarse de él para sonreírle. –Está haciendo frío…-

Sabía que no le agradaba el frío. Lo observó hacer el ademán de ponerse de pie y, a pesar de estar consciente de lo anterior, trató de detenerlo, tomándole la mano. –Alehc… Estoy enfermo.- musitó. Su voz se quebró al llamar su nombre.

-¿Te sientes mal?- preguntó el moreno.

-No, Alehc, yo…- levantó la vista. Era una mirada suplicante, que no soportó el amarillo interrogador y deseó esconderse en otro punto. –Es… Terminal. Yo voy a… Me queda poco tiempo y… Bueno, me voy a morir pronto.- resolvió decir, sonriéndole, encogiéndose de hombros. –Por eso, quiero que tú te quedes aquí y te hagas cargo de este lugar cuando yo me vaya… Es imp…-

La oración fue interrumpida por un beso de Alehc.

-Vamos adentro, hace frío.- lo tomó de las manos para ayudarle a levantar.

-Pero Alehc…- trató de seguir Joshua. Le había costado sacar el tema, necesitaba terminar de decirle…

-Mañana tenemos que trabajar, mejor dormir temprano.- le sonrió él, jalándolo para que entraran a la casa. Otra vez estaba seguro de que las ardillas lo amenazaban.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online