¡Revisa aquí las otras partes de la historia!

-¡Joshua, Joshua, Joshua! ¡Levántate!- escuchó como primera cosa en la mañana. Los gritos eran acompañados por una mano en su hombro que lo remecía. -¡Ya es mediodía!-

-¿Medio…día?- murmuró Joshua, aún más dormido que despierto.

-¡Sí! Estuve trabajando yo, pero ya te estás aprovechando mucho, ¡ven a ayudarme un poco que sea!- reclamó el chico, frunciendo el entrecejo.

-Ah, perdona, creo que…-

-No, no, así no se pide perdón.- Alehc sonrió y se acercó más a él, prácticamente encaramándose arriba suyo. –Me debes un beso.-

Joshua se sonrojó furiosamente. -¿Qué…?- bueno, se habían besado, cierto, mas no habían hablado nada del tema y… -Vale.- dijo, dándole un rápido beso en los labios.

-¡Excelente, Alehc se sale con la suya!- celebró el chico. Se puso de pie de un salto, literalmente. -¡Te espero afuera, no te tardes o me vas a deber más besos! Mm… Mejor demórate, demórate bastante.-

Lo dejó solo. Joshua llevó una mano a su boca, como queriendo retener la sensación de los labios de Alehc, sonriendo amargamente después. No había querido escucharlo. No dijo: ‘Lo siento tanto.’, ni mucho menos se mostró triste por… saber su situación. Sencillamente no le importó… Era así, ¿verdad? Alehc… no lo quería. Nunca lo había dicho. Sólo repetía que era lindo, lo abrazaba o besaba cuando podía, pero… no lo quería. Era puramente físico.

No le importaba, seguramente se iría cuando él…

Sacudió la cabeza, mejor no pensar en eso, si le daba más vueltas únicamente lograría llorar como un niño. Además, ese día ya se sentía mal físicamente como para agregarle esa carga psicológica. Se dedicaría a disfrutar lo que pudiera con Alehc y luego… Pues, no estaría allí, era insignificante lo que pasara después, incluso si Alehc lo…lo olvidaba.

Le costó levantarse, en serio su cuerpo se volvía cada vez más débil. Suponía que por esa razón se había quedado dormido. Aun así, reunió todas sus fuerzas y fue a ver lo que hacía Alehc, sorprendiéndose de que estuviera trabajando de verdad.

Fue a sentarse a los pies de ese árbol en el que solían descansar. No estaba mal tomarse un día, ¿verdad? Bien, aparte de débil y cansado, sí se sentía algo decaído por el tema, no podía negarlo, ni dejarlo de lado, al parecer. De todas maneras, iba decidido a distraerse, admirando el paisaje que realmente estaba precioso ese día.

Alehc se le unió unos minutos después. –Al final me dejaste todo el trabajo a mí.- le recriminó, sentándose junto a él.

-No tengo ganas de trabajar…- se quejó en voz baja, apoyándose de pronto en el regazo de Alehc con expresión somnolienta. El chico recibió ese gesto con una sonrisa y un silencio que no resultó incómodo, porque le acariciaba el rostro suavemente para hacerle saber que su atención estaba centrada en él.

Joshua pensó que eso se sentía bien, que si podía pasar más momentos así con Alehc, entonces no debía preocuparse de nada más.

Giró el rostro para verlo, tratando de pedirle con la mirada que lo besara, cosa que Alehc entendió bastante bien, puesto que al instante se vio a sí mismo cerrando los ojos para recibir el beso que quería. Buscó sus manos y las sujetó con fuerza entre las suyas al momento en que se separaron, aunque Alehc no dejó de besarlo, tan sólo cambió la trayectoria, inclinándose sobre él para alcanzar su cuello.

De esa manera, su rostro quedó muy bien acomodado en el hombro de Alehc, así que cuando soltó un minúsculo, pequeñísimo y nada adrede suspiro, éste quedó en el oído del chico. Eso debió ser lo que lo animó a continuar, levantándose un poco, dejando a Joshua recostado en el pasto, para seguir dando besos por su pecho, torso y abdomen, que se sentían incluso sobre la ropa, produciéndole tanto cosquillas como escalofríos. Esos escalofríos se intensificaron cuando abrió los ojos y se dio cuenta de que Alehc le estaba desabrochando el pantalón; aunque no sólo eso le hizo aumentar el calor corporal de golpe, puesto que las caricias que sintió casi en el mismo momento, yendo directo a esa parte tan sensible, le hicieron incluso soltar un gemido.

No sabía por qué se lo estaba permitiendo. Esa misma mañana había llegado a la dolorosa conclusión de que Alehc no lo quería y todo aquello era meramente físico (además de beneficioso en cuanto a lo económico para Alehc), entonces… ¿Por qué? ¿Por qué su cuerpo seguía rogando desesperadamente por el toque de Alehc? Sus caderas se movían al ritmo que el muchacho había impuesto para masturbarlo, sin poner reclamo alguno; sus labios llamaban su nombre entre gemidos indecorosos, sentía tanto el rostro como su piel arder, y todo eso era por Alehc, Joshua no podía hacer nada para impedirlo.

Abrió los ojos de golpe cuando, además de los dedos que lo tocaban, percibió la lengua de Alehc en ese lugar. –A-Alehc…- logró murmurar, queriendo decirle que se detuviera. Si hacía eso, en verdad lograba que se sintiera como… Como si le estuviera dando el ‘servicio’. Eso sí que no quería. Dejando todo lo demás de lado, no deseaba que la situación se inclinara a ese punto.

Pero la sensación era abrumadora, el placer se había apoderado de cada rincón de su cuerpo. Esta vez incluso su garganta parecía haberse puesto en su contra y negarse a dejar salir su voz para decir ‘No’.

De un momento a otro reunió valor, que muy probablemente fue ayudado por el estado de excitación en el que se encontraba, y pensó que si lo tocaba también, le haría ver que no era unilateral, sino algo que ambos querían, el explorar el cuerpo del otro.

Con esa mentalidad, le fue fácil quitar la ropa de su camino y lograr su objetivo de tocar a Alehc sin ropa de por medio. El muchacho se había quedado quieto hasta el momento, jadeando suavemente, pero cuando Joshua imitó lo que había hecho, él no le dio más tiempo y también lo hizo.

-Joshua…- escuchó que lo llamaba, en un tono extasiado, cerca de terminar.

Sus respiraciones se encontraban más que agitadas, pero sus cuerpos estaban satisfechos como nunca. Alehc se acomodó para abrazar a Joshua, quien, sin darse cuenta cuándo, se quedó dormido, con una sonrisa en el rostro, muy parecida a la del dueño de los brazos que lo sostenían. Eso tendría que repetirse.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online