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Alehc tomó por enésima vez el paño y lo remojó en agua fría al sentirlo tibio, colocándolo después sobre la frente de Joshua. –Debe ser un resfriado.- aseguró, también por enésima vez. –Los resfriados se pasan pronto si los cuidas bien.-

Nuevamente recibía una especie de bufido por respuesta. –No es…- se interrumpió para toser. –Un resfriado, Alehc… ¿Podrías hacerme caso…?-

-¿Dónde está el número del doctor? Quizás necesites alguna medicina para esa tos… Yo podría ir a buscarlo.- continuó el moreno, como si Joshua no hubiera dicho nada entre sus toses, poniéndose de pie. –El clima no está muy bueno, pero igual si salgo ahora…-

-¡¡Alehc!!- exclamó Joshua con todas sus fuerzas. -¡Basta!-

Había estado haciendo un gran esfuerzo por no llorar; no porque tuviera miedo real a la muerte, la tenía asumida hacía demasiado tiempo como para eso, sino por sentirse igual de solo que al principio. Alehc no lo escuchaba. Estaba con él, cierto, pero ninguna de sus palabras lograba alcanzarlo. Le había dicho varias veces sobre su enfermedad y seguía ignorándolo. Sabía que no le importaba, mas… ¿No podía al menos pretender? ¿No valía ni eso, ni una palabra de cariño, por falsa que fuera?

-No vas a morir…- musitó Alehc.

Joshua entreabrió los ojos, por mucho que le ardieran, distinguiendo que a Alehc le temblaban las manos, empuñadas, a los lados. Era la primera vez que decía algo relacionado al tema, y él sentía que las energías lo abandonaban. –Sí… Sí va a pasar… Y no me has dejado…- pero otra vez se calló, Alehc había volteado demasiado rápido hacia él, arrodillándose junto a la cama.

-¡No vas a dejarme solo, Joshua!- alegó en un volumen demasiado fuerte. -¡No puedes! ¡No puedes traerme aquí y mostrarme el inicio de una vida maravillosa sólo para abandonarla! ¡¡No puedes!!-

-¿De… de qué hablas?- la voz de Joshua era todo lo contrario a la suya, apenas un hilo, que salía forzando su garganta. –Tú… te quedarás con todo esto…-

-¡Lo que me importa eres tú, este lugar no vale nada si tú no estás en él!- vociferó Alehc, golpeando la colcha con los puños.

Muy equivocado estaba; palabras tan dulces siendo fingidas no era lo que quería escuchar tan cerca del final. –No mientas… Tú no me… A ti no te importa…- consiguió decir, sintiendo ahora sí un gran ardor en los ojos por las lágrimas que empezaron a salir, pero que intentó retener lo más posible.

Alehc, aunque alterado, se mostraba totalmente seguro de lo que decía, lleno de determinación; determinación que se esfumó al escucharle decir eso a Joshua. De pronto, entendió todo: el por qué de las miradas sombrías del chico, de sus sonrisas amargas y del intento desesperado por hablarle sobre el tema. –Tú crees que… No te quiero…- murmuró.

Una puntada que no supo si fue de dolor psicológico o físico se le instaló en pleno corazón a Joshua.

-Joshua, yo te amo.-

Otra puntada más…

-Te lo dije… Te lo dije muchas veces… Te lo dije entre besos, en abrazos, mientras dormías…-

Cerró los ojos. Las lágrimas cayeron por sus mejillas. No podía contestar, se le iba el aliento. Sus manos antes aferradas a la colcha se iban soltando.

-Nunca me escuchaste, ¿verdad?- el tono de Alehc iba cambiando, antes era suplicante, ahora volvía a estar determinado, quizá molesto en una parte, pero decidido. –Siempre querías hablar de cuando te fueras… Siempre diste por hecho que así iba a ser, que un día te ibas a morir. Por eso no quise escucharte, porque si tú me amabas como yo te amaba, entonces no iba a pasar nada…-

-Yo…- trató de decir Joshua. –Te amo…-

-Pero seguiste con esa idea, ¿verdad? No quisiste darte cuenta de nada más… El amor verdadero puede con todo, Joshua, con todo…- buscó una de sus manos, apretándola con fuerza. Joshua pudo sentir unas tibias gotas sobre ella cuando Alehc la puso junto a su mejilla. -¡Tú no quisiste verlo, tú perdiste las esperanzas! ¡Tú te dejaste morir! ¡Te rendiste!-

Era cierto. Alehc tenía razón. Nunca guardó esperanzas, nunca pensó que alguien podría detener una enfermedad que llevaba hacía tanto tiempo… ¿Por qué nunca vio la vida de manera tan simple, como si fuera un cuento de hadas? Lo era, en verdad era un cuento de hadas. De otra manera, ¿cómo se habrían encontrado? Si existía un amor tan hermoso, era porque estaban dentro de un cuento de fantasía.

Sin embargo, era muy tarde. La realidad sobrepasaba la fantasía. Él estaba enfermo y ya no podía más, era muy tarde incluso para el amor. Sus fuerzas lo abandonaban como nunca antes lo habían hecho, haciéndole difícil respirar y doloroso cada palpitar de su corazón; en verdad, lo que más dolía era ir perdiendo la imagen de Alehc, sin poder siquiera alzar la mano para limpiar sus lágrimas.

-Me lo debes, Joshua…- susurró, mirándolo a los ojos. -¡Me debes una vida, esta vida era para mí! ¡Me la debes!-

Sonrió como pudo, respirando profundo una última vez, teniendo como único fin el poder decir: -Te… lo debo…-

-¡Sí, me la debes! ¡Me la debes, me la debes!- continuó exclamando Alehc, consciente de que Joshua ya no se encontraba allí.

Por más que gritara y llorara, no volvería, nada de lo que hiciera podría traerlo de vuelta.
Aunque todavía sujetara su mano, ésta ya no tomaría la suya en respuesta. A pesar de que su cuerpo siguiera tibio, de que las lágrimas no se hubieran secado y sus labios estuvieran curvados en una sonrisa, era un cuerpo sin vida. Joshua estaba muerto.

-Me la debes…- susurró Alehc, sin la menor intención de detener su llanto.

***

Al fin el semáforo se dignaba a dar luz verde, lo cual celebró con una pequeña exclamación de victoria y sus pasos apresurándose a llevarlo al otro lado de la calle. Por supuesto que no hubo tiempo de disculparse con el niño que empujó, ni siquiera por haberlo hecho perder el helado, ni con la anciana que Dios sepa cómo lograría levantarse.

¡Tenía prisa! ¡Había esperado demasiado ya!

Llegó al parque, lo divisó en una banca; no pudo evitar el correr, sin importarle manchar su costoso traje con barro al pisar los charcos dejados por la lluvia del día anterior. Sin importarle nada, la verdad. El corazón volvía a acelerarse, entusiasmado… Contento, contento.

Se dobló para apoyar las manos sobre sus rodillas y recuperar algo del aliento perdido, jadeando en voz baja, pero siempre con la vista fija en su objetivo, al cual comenzó a acercarse a paso lento.

El chico no volteó hasta que se sentó junto a él en la banca, pasándole un brazo por los hombros e inspeccionándolo con sus ojos amarillentos los suyos azules. –Me parece…- dijo, adoptando una sonrisa. –Que tenemos una deuda pendiente de otra vida.-

Joshua lo miró extrañado y ciertamente no supo entender de lo que le hablaba, mas aquello no desanimó a Alehc. Tenía tiempo para explicarle.

Tenían toda una vida.

FIN

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online