Cuando estás tan nervioso como él se encontraba en ese momento, tu mente divaga a cosas ridículas como preguntarse: ¿cuánto costará esta puerta que estoy tocando? ¿De qué material será? ¿Cuánto se habrán demorado en hacerla?, cualquier cosa con tal de dilatar la llegada de esa conversación que no quería tener.

O sea, obviamente sí quería tenerla o no estaría allí, plantado frente a la imponente puerta del estudio de Lionel Hunt. Quizás sería más correcto decir que quería los resultados de esa conversación, un: “sí, por supuesto que puedes casarte con Darren, no pierdo a mi sobrino favorito, sino que gano a un rockero desaliñado y fracasado como parte de mi familia”.

Vaya, ni siquiera en sus fantasías la conversación iba bien.

Tomó bastante aire y comenzó a golpear suavemente la puerta con los nudillos, subiendo de intensidad al segundo en que pensó que podría ver debilidad en ese toque, y bajando nuevamente al cambiar de idea en que podía ser demasiado ruidoso y caerle mal. ¿Cuánto podría analizarlo por la forma en que tocara la puerta?

– Adelante. – escuchó desde adentro. Frío, cortante, firme. Transmitía su personalidad hasta en la forma de saludar. – Siéntate. – le indicó apenas lo tuvo al frente.

Lo conocía desde que tenía 10 años y eso hacían 15 años de su vida teniéndole pavor.

Estaba allí, con su imponente figura. Alto, con su largo cabello rubio amarrado de manera que ni un sólo cabello se saliera de su lugar. Sus ojos verdes le recordaban a los de Darren, de no ser porque la mirada dulce de su pareja que solía transmitirle cariño, en el rostro de su tío se convertía en un crudo “nunca serás suficientemente bueno para él”.

A ratos le creía. Veía sus fotos con Darren y era capaz de ver la diferencia entre ellos. Su novio había sido criado en una de las familias más millonarias del país, todo en su persona reflejaba pulcritud y perfección. Por el contrario, él estaba lleno de tatuajes, piercings y había sido criado únicamente por su padre y un salario muy bajo.

Seguramente eso vendría ahora, pensó mientras miraba sus propias manos entrelazadas en su regazo. Tenía que decirle a lo que había ido: “quiero casarme con Darren” y Lionel respondería: “¿y mantenerlo con qué? ¿Con tu ridícula banda? ¿Cuántos discos vendieron el año pasado?”.

Eran las frases que se repetían en su cabeza a todo momento desde que decidiera conversar con Lionel. Porque sabía que Darren aceptaría de todas formas, pero nunca estaría 100% feliz sin la aprobación de su tío, que era más importante que su padre, madre y toda la jodida familia Hunt junta. Era su deber convencerlo de que nada le faltaría a su lado.

Y tenía un discurso armado, lo ensayaba en la ducha todos los días. “Lionel… no, señor Hunt. No, muy formal. ¿Tío? Me va a echar de la casa. Ejem. Lionel. Me voy a casar con Darren. Sí, así, muy asertivo. Me voy a casar con Darren y estoy aquí para conseguir tu aprobación, no porque la necesite, sino porque lo va a hacer feliz. Desafiante, me gusta. Sé lo que vas a decir, que no soy la persona indicada para él, porque no vengo de una gran familia ni tampoco tengo una carrera prominente como él, pero, ¿sabes qué? Yo lo amo. ¿Sueno a telenovela? La puta madre. Llevamos 10 años juntos y son 15 que llevo enamorado de él. TMI, dude. Sé también que te esperabas otra persona para él, que mantuviera el fino linaje de los Hunts, una persona sofisticada. Me consta que le buscaste pretendientes, pero en serio, ¿crees que lo conocen como yo? Acá viene la carta trampa. ¿Crees que saben que en realidad prefiere por mucho la comida casera al restaurant más elegante y exclusivo de la ciudad? ¿Van a darse cuenta de que es capaz de trabajar 10 días seguidos si nadie lo detiene y que de verdad espera que alguien lo saque de allí? ¿Podrán interpretar en una simple mirada que quiere que le cepillen el pelo pero es muy orgulloso para pedirlo directamente? Son 15 años, Lionel, 15 años, más de la mitad de mi vida que llevo adorando a Darren, nadie va a poder llegar a conocerlo de esa forma. Tienes que aceptar que yo soy la persona que lo acompañará y lo hará feliz. BOOM! Mic drop!”

Tragó con algo de dificultad, temiendo por un segundo que se atoraría con su propia saliva y empezaría la conversación a punto de ahogarse. Luego abrió la boca para pronunciar las primeras palabras; sin embargo, el rubio lo interrumpió levantando una mano.

– Sé a lo que vienes. – decretó, mirándolo serio.

No supo si debía contestar algo a eso. Le sostuvo la mirada por lo que parecieron horas (probablemente unos 5 minutos) y que resultaron los momentos más incómodos de su vida. Luego de que adoptaran niños con Darren y esos niños tuvieran sus propios niños, le contaría a sus nietos de la situación más incómoda de su vida y sería ésa.

Sentía que Lionel analizaba hasta el último detalle de su persona. DE SU ALMA. Y empezó a cuestionarse todo. Se había puesto traje para verse más serio y responsable, pero el nudo de la corbata estaba mal hecho y la camisa no conseguía tapar los tatuajes en su cuello y nudillos. Trató de amarrarse el cabello largo y medio teñido, mas nunca podría hacerlo con la precisión de Lionel Hunt.

El corazón le latía tan fuerte que empezaba a temer que lo escuchara y se largara a reír. ¿Cómo podía calmarlo? Si tan sólo pudiera sacar su celular para googlear…

Como si le leyera la mente, Lionel sacó su teléfono y comenzó a tocar la pantalla. Estuvo a punto de decirle que buscara: “cómo no estar tan nervioso con tu casi suegro que es un desgraciado”, pero optó por morderse la lengua.

– Es Lionel Hunt. – informó el rubio al pobre infeliz que le hubiera tocado contestarle la llamada. – Reserva el palacio de Vienna, mi sobrino se casa. –

Silencio. Completo silencio. Sólo oía sus latidos. ¿Qué era eso? ¿Una trampa?

– Bienvenido a la familia. – escuchó decir a Lionel, dirigiéndose esta vez a él, aunque aún no colgaba el teléfono. Le tendió una mano que él se apresuró en estrechar.

– G-gracias… pues… qué bueno, eh… entonces… –

– Espero este mismo nivel de elocuencia para el brindis de la boda. – sonrió de manera burlona.

Ilustración: Jenoveva EspinozaDescubre su portafolio y tienda online