Vamos a ponernos cercanos y personales en este post, porque si no podemos usar este espacio como un diario de vida comunal, entonces para qué.

Empecé a hacer cosplay el 2008, porque un compañero de la U hacía y se le ocurrió que me vería bien de Kurapika. Yo estaba de acuerdo. No tanto en que me vería bien, pero estaba suficientemente enamorada de Kurapika como para decir que sí sin tener idea de qué incluía hacer un cosplay.

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Well, that escalated quickly.

Me enamoré del cosplay. Sería que siempre me gustó actuar y disfrazarme, aunque mi parte favorita era escribir los guiones de las presentaciones. Y lo peor era que siempre lo pasaba mal los días anteriores a un evento, porque no importaba cómo planificara, SIEMPRE estaba cosiendo la noche anterior, SIEMPRE quedaba alguna cosa que parecía “detalle” y terminaba tomando horas, probablemente porque no tenía las habilidades. Algunos cosplayers, los mejores, estudiaban diseño de vestuario; yo, publicidad. Muy útil para el cosplay.

Recuerdo una noche en que estuve hasta las 6 de la mañana cosiendo un traje de Shampoo, y ni siquiera de los complicados, pero no tenía idea cómo hacer un cuello mao. Aparte, lo empecé ese mismo día, ¿Por qué me hacía sufrir así?

Creo que era por la parte social. Formabas un team con gente y te comprometías a llegar con tu personaje. Muchas veces otros elegían por ti cuál te venía más o cuál les sobraba / faltaba, y uno se comprometía no más. Hice un montón de personajes que no me venían mucho y otro tanto de series que ni conocía (perdón, sé que es el pecado del cosplay).

El punto es que lo pasaba bien. Era sacrificado, muy agotador, pero todo valía la pena cuando llegaba el día del evento. La gente se emocionaba de verte, no importaba si se te estaban desarmando las botas o cayendo la peluca; fangirleaban contigo, te pedían fotos, te decían que era bacán. Yo sentía que veían el esfuerzo que había detrás y que teníamos una complicidad: sí, es un cosplay imperfecto, pero lo hago porque me gusta este personaje y a ti también.

Así que fueron algunos años de no tener plata nunca, porque toda se iba en telas y pelucas, de llegar corriendo de la Universidad a coser o escribir un guión, de pasearse por Santiago buscando los botones correctos y de no poder ver series sin pensar en los patrones del traje que el personaje usaba: “Sí, yo podría coser esto”. El cosplay tenía una parte protagónica de mi vida, no concebía faltar a un evento ni ir de civil.

Hasta que…

Bueno, seguiremos en otro capítulo. ¡Hasta la próxima!

bye

Ya, perdón. Me da más vergüenza de lo que pensaba llegar a esta parte. Una siempre quiere proyectar más fortaleza de la que tiene y si fuera otra persona contándome esto, le diría: “NO, NO DEJES QUE NADIE TE QUITE ALGO QUE AMAS, DA LA PELEA”.

En fin. 6-chan sucedió. ¿Conocieron esa página? ¿Sigue arriba? No quiero Googlear. Era una copia chilena de 4-chan y tenía una sección llamada “cosplay”. Ahí subían nuestras fotos y, por supuesto, se dedicaban a criticar, porque eso pasa cuando la gente puede ser anónima.

Al principio, todos nos metíamos por el morbo, queríamos saber qué decían de nosotros. De mí no era tanto, recuerdo que especulaban de si estaba pololeando o no (describiéndome como “hermética”) y alegaban que hacía demasiado crossplay. De otros conocidos era peor, sobre todo de una niña que yo admiraba mucho y era de las mejores cosplayers en ese momento: subían photoshopeos asquerosos de ella y, después, screenshots de sus tweets diciendo que le molestaba que lo hicieran. La stalkeaban mucho, la trataban pésimo, no sé cómo resistió tanto.

Entre mi grupo de amigos nos decíamos “no entres a esa página”, pero era muy difícil. O sea, estando sola en tu casa a las 3am, terminas cayendo en la tentación. Es como espiar a tu ex. No hay que hacerlo, te hace peor.

No me acuerdo por qué ni cuándo se puso peor para mí. Empecé a desconfiar de todo el mundo, porque las fotos que tenía en Facebook terminaban en esa página, así que ya no acepté a más gente desconocida y empecé a borrar a todos, pero seguía pasando. En los eventos, me preguntaba si esa persona simpática que se acercó a tomar fotos iba a ser después un anon diciendo que me veía gorda y era frígida.

Detalles de la relación que tenía en el momento empezaron a salir. Cada vez me daba más pánico ir a un evento o empezar un traje. Con cada paso que daba, pensaba: “esta peluca está mal, me van a trollear, van a tomarle fotos”. Trataba de que no me afectara, me repetía que eran personas que no debían importarme; qué difícil.

De a poco la actividad perdió la magia que tenía para mí. Mi vida empezó a irse hacia otros lados, me fui del país por un año (por otros motivos, juro que no huí a otro continente por 6-chan) y cada vez pensaba menos en el cosplay, aunque seguía con la esperanza de hacerlo. En cualquier momento podía volver, incluso tenía mis “proyectos” anotados en una libreta, los próximos personajes que quería hacer.

Y volví a 6-chan. No sé por qué. Llevaba dos años “limpia”. Esto fue el 2013. Llevaba dos o tres años sin hacer cosplay y no sé por qué me volví a meter. Había un thread de “cosplay chilenos de Sailor Moon” y me dolió la guata. Sabía que iba a estar porque siempre me sacaban al baile cuando era tema de Sailor Moon. Obviamente entré, estaba ahí y fue freak. La persona que subió las fotos (muy, muy antiguas) le había puesto nombres como “Kita 3”, “Kita Uranus”, “Kita y Mariela”, “Kita y MaríaPaz”. Después, por supuesto, alguien me había photoshopeado piernas de rinoceronte.

Cerré el computador. Estaba tan enojada. Pero enojada conmigo, por someterme a eso, por no quererme. Claramente la gente no te deja ir, no importa lo que hagas, y yo estaba ahí, dándoles en el gusto, dejándome sufrir.

Desde ese día no he entrado a la página. Hola, soy Kita, y llevo 3 años sin meterme a 6-chan.

El año pasado logré hacer un cosplay de Sailor Moon, porque afortunadamente conocí a la Vampi y me limpió de toda esta mala onda. Tenía unas ganas y energías de hacer cosas, de incluirme, de que lo pasáramos bien y pico el resto. Me costó un montón, pero fue bueno darme cuenta cuánto había aprendido.

Y ahora estoy a horas del próximo.

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What a ride.

Estoy nerviosa. Me desperté a las 6 de la mañana. Ni siquiera vamos a participar, no está la presión de hora de llegada ni de presentarse ni de que te juzguen (oficialmente), pero esas trabas psicológicas cuesta echarlas.

No pensé en cómo cerrar esto, no tengo una gran moraleja más allá de: you do you. Y gracias por leerme.

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Update: Ya fui al evento y lo pasé bacán. Cuando venía de vuelta en Uber (porque andaba con maleta y me sentía muy princesa después de andar de Celeste todo el día), el tipo me dijo que le habría encantado hacer cosplay cuando chico, pero no le dio la personalidad. Yo le dije que nunca era tarde y que le hacía falta un grupo que lo apañara.

Así que, conclusión complementaria: todo se puede con un buen grupo de amigos y red de apoyo.

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Tomodachis.