El 7 de septiembre encontraron muerto a Mac Miller, “qué pena” – pensé, y seguí con mi vida. Había tomado la decisión de renunciar hace algunos días atrás y mis semanas se tornaban en una mezcla densa, de excitación y ansiedad, a la par, era un sentimiento tan difícil de digerir que podía sentir cómo era capaz de reír y llorar a la vez. Cuando finalmente estuve afuera, tuve el tiempo suficiente para ver dónde estaba, qué he hecho y que, efectivamente, el sillón donde estaba sentada lo había pagado con mis horas de trabajo, con mis ideas, escribiendo.

De ahí sólo avanzaron los días y escuchaba a Miller todo el tiempo, sentía una calma profunda al hacerlo incluso con el festín de ‘Donald Trump’. Todo era capaz de acompañarme. Nunca fue mi rapero favorito porque, al igual que las series, siento que estas te conectan cuando deben hacerlo y ahí estaba yo, con la garganta apretada mientras lo escuchaba cantar: “Self care, we gonna be good”.

Miller era adicto desde los 15 años, se le ve en vídeos con una botella de Purple Drank y a Montana decirle que “se calme un poco”, la hueá es tan real, que contrastarlo con su Tiny Desk es sumamente doloroso, donde lo ves disfrutar, sonreír y amar lo que hace.

Si bien nunca tuve problemas con drogas, sufro de trastornos alimenticios desde que tengo memoria, en ese caso entiendo la resistencia de querer sobreponerse a los problemas que toman el control de tu vida, llega un punto en que es tan desgastante que simplemente quieres dejarte llevar por la corriente y que “sea lo que tenga que ser”, o alguna otra frase cliché.

Lo que más me inspira, y da pena la vez, es que Miller lo intentó y algo me(nos) dejó al respecto. En este mini-documental Miller se muda a NYC porque en LA estaba perdiéndose en fiestas y se exponía demasiado a las drogas, lo cual lo imposibilitaba en crear, de ahí el “para de hacer excusas”.

Lloré cuando lo volví a ver porque había olvidado el final “You don’t go down in history because you overdosed, you just die”. Hay algo en él que lo hace sumamente cercano, humilde, real, tangible, no puedo explicarlo, pero logra traspasar en su música todo lo que es y la lucha contra la adicción y la enfermedad mental, no para hundirme, más bien para conectar.

Cuando vi la serie Rapture de NETFLIX, la cual esperé bastante, me sentí sumamente decepcionada, sólo era un montón de capítulos de raperos con autos culiaos, collares culiaos, plata, éxito, más autos, y un ego hasta el infinito (el único quizás que fue la excepción era Logic), todo sobre “lo bacanes que eran ahora”, no me quedé con nada, con ninguna hueá, a diferencia que con 1 disco de Miller sentí que tenía herramientas para seguir adelante, tranquila, sabiendo todo estará bien.

Para que no todo termine tan triste, les dejo una compilación de sus vines. RIP Mac, te quiero mucho.